______Lila
Guerrero de Sossen___________________________________________________________ |
Algunas Claves comerciales:
Competir con éxito
La Argentina ha atravesado
cambios muy importantes, sobre todo desde el proceso de convertibilidad.
Después de vivir en un
escenario inflacionario durante muchos años, las empresas estaban
acostumbradas a desenvolverse en un marco en el que, pequeñas diferencias
en los costos y precios no eran significativas a la hora de competir con un
producto o con un servicio. A partir de la convertibilidad, la estabilidad y
en general de la apertura del mercado, las empresas con experiencia
internacional, adaptaron rápidamente sus propuestas comerciales y todo su
gerenciamiento a este nuevo entorno particular en la Argentina.
Las pequeñas y medianas
empresas, tuvieron distintas reacciones: algunas lo hicieron con velocidad
porque percibieron el cambio; pero otras PyMEs no pudieron hacerlo y por lo
tanto recibieron el mayor impacto. Esto es posiblemente consecuencia que en
algunas ocasiones, los empresarios notan la proximidad de un cambio, pero no
tienen las herramientas o los recursos para poder hacer lo que creen
adecuado o lo que necesitan.
Para lograr los objetivos
de una empresa , que son sobrevivir, generar utilidad y crecer, quien dirige
un emprendimiento debe saber que obligatoriamente tendrá que contar y saber
administrar cuatro tipo de recursos:
- recursos económicos y financieros
- recursos tecnológicos
- recursos humanos
- el tiempo
Lo más importante es que
estos recursos, tengan permanencia en forma conjunta: si una empresa carece
por completo de recursos económicos, poco es lo que puede hacer en al campo
comercial o tecnológico. Es decir, que cuando uno de estos recursos está
completamente ausente, es casi imposible salir de una situación difícil.
Por más que un empresario tenga una buena idea sólo logrará plasmarla en
un buen negocio si dispone de los cuatro recursos que hemos citado. Creemos
importante hacer esta salvedad, ya que lo que se pueda realizar desde el
marketing se inscribe en esta restricción.
La manera en que la empresa
se comporta en el medio en que le toca desenvolverse, que es el entorno
competitivo, es la estrategia de una empresa. Esta estrategia puede estar
planteada explícitamente o no. La estrategia es a la empresa lo que el
comportamiento al individuo. Y tal como el comportamiento, la estrategia
puede haber sido planificada previamente o no, pero siempre existe.
Creemos que hay algunos
factores claves que deben tenerse en cuenta al planificar la estrategia de
cualquier emprendimiento o negocio. Esas claves son: comprender el entorno,
realizar una gestión de calidad, tener identidad comercial, tener un
producto competitivo, conocer y buscar la satisfacción del cliente, tener
agresividad comercial y adaptarse a los cambios.
En este marco, muchas veces
escuchamos decir:.." la situación está difícil"; refiriéndose
a la situación general. Por supuesto que "el difícil" de un
compañía con recursos, siempre es más fácil que el de una compañía sin
ellos. Pero para poder trabajar el día a día en una empresa hay que, por
un lado, conocer el marco, y por otro, olvidarse de él y no usarlo como
excusa. Es mucho más productivo estar siempre alerta a lo que ocurre con
los clientes y competidores, y con el mercado en general, para accionar rápidamente
en relación con ellos.
Los hábitos de consumo en
el mundo, han cambiado, y en consecuencia también en la Argentina: hay que
entender entonces que se han producido cambios en los consumidores, en los
distribuidores y en los fabricantes; como también en la manera de competir
y en la cantidad y calidad de los "jugadores" que entran en este
"juego" competitivo de las empresas. Cada uno de estos cambios es
motivo para un extenso capítulo, pero hay un concepto que es el hilo
conductor de estos cambios: cada vez más el poder está en manos del quien
compra.
Hasta hace unos años, era
suficiente para que un negocio sobreviviera convencionalmente, saber
fabricar un producto y ser capaz de tenerlo listo, ofrecerlo o ponerlo sobre
un mostrador. En el caso de un profesional había que saber ejercer la
profesión y con eso alcanzaba. Era un mercado de demanda, donde había más
compradores que vendedores. Hoy día ocurre exactamente lo contrario.
Estamos en un mercado donde lo que sobre es la oferta: de productos, de
servicios, de profesionales. Por lo tanto no alcanza con saber fabricar un
producto, con saber prestar un servicio, con ser un excelente profesional.
Hoy hay que ir al encuentro del cliente. El cliente hace cada vez menos
esfuerzo para buscar un producto o para comprar y tiene más poder de decisión,
tiene más ofertas, tiene más alternativas. El cliente es el rey ( o el
tirano). Y quien vende el súbdito ( o el sojuzgado) Es quien vende quien
tiene que ir a su encuentro.
Hoy día, por ejemplo los
grandes hipermercados les ponen condiciones aún a las grandes empresas. ¿Y
por qué pueden imponerse? Porque ellos son quienes tienen acceso al
cliente. Pensando en algunos ejemplos PyMes, los empresarios textiles eran
un rubro que se había desarrollado muchísimo en la Argentina, aunque con
muchos problemas, porque no tenía soporte tecnológico. Pero digamos que
aquel que fabricaba, imponía condiciones a quien compraba. Fijaba los
plazos de entrega, imponía condiciones de pago, talles, color, etcétera. Y
el que tenía un punto de venta o el comprador minorista tenía que comprar
lo que había y lo que le entregaban. Hoy día las cadenas que tienen puntos
de venta en los shoppings, las que están en los supermercados, esas son las
que imponen condiciones a quien vende. El cliente o comprador final, el
consumidor le impone condiciones a los negocios, a quien le vende al público.
El minorista le impone condiciones, cuando tiene poder, cuando realmente
tiene mucha llegada al cliente a los distribuidores y los distribuidores le
imponen condiciones a los fabricantes.
Por eso una de las
principales cuestiones que hay que comprender es que el poder está del lado
del cliente, del lado del consumidor y esto ocurre a todo lo largo de la
cadena comercial . Quien tenga acceso al cliente o quien logre comprender
mejor las necesidades de los consumidores, y adecuar su oferta a ellas, será
quien tendrá mayores posibilidades comerciales.
Entonces una clave de éxito
es imaginar y desarrollar los productos y servicios que se pueden ofrecer a
partir de conocer la opinión y necesidades de los clientes y no a partir de
las necesidades o suposiciones de quien fabrica o vende.
Vamos a otro punto
importante, que es tener una gestión de calidad. Hay una cosa que nos
parece importante recalcar y es que hay una calidad de producto o servicio
objetiva, relacionada con los atributos o especificaciones propios del
producto o del servicio.
Y hay una calidad subjetiva
que está relacionada con la satisfacción del consumidor y con el resultado
de su percepción y de sus expectativas respecto de nuestro producto.
Pues bien comercialmente la
única calidad que importa es la calidad que percibe el consumidor. Muchas
veces es muy común que un empresario diga – "Fabrico el mejor
producto y sin embargo mis clientes no lo tienen en cuenta "- Si los
clientes no se dan cuenta, el atributo o la calidad de la que se habla no
existe, pues no existe en la percepción del consumidor. Si los clientes
piensan que un producto es de mala calidad, entonces ese producto es de mala
calidad. Si los clientes piensan que no entregamos a tiempo, la verdad
comercial es que no entregamos a tiempo. Si el cliente piensa que un
servicio es caro en relación a la prestación y no está dispuesto a pagar
por ello, entonces el servicio es caro. Esto es así y en este aspecto se
pueden hacer dos cosas, o tratar de modificar el producto, servicio o lo que
se está haciendo - o - tratar de modificar la creencia del cliente. Es
posible modificar la creencia del cliente, pero es siempre más caro esto,
que el tratar de modificar el producto o servicio para adaptarlo a las
necesidades y /o percepciones del cliente.
Entonces la calidad de
producto de la que estamos hablando y la que debemos mirar y entender es la
calidad subjetiva , aquella que percibe el cliente y aquella que el cliente
espera y por la que está dispuesto a pagar. Porque tampoco es cuestión de
entregar el producto de la mejor calidad posible de fabricar. La cuestión
es entregar el producto de la calidad esperada por el cliente y por la que
él está dispuesto a pagar. Porque no hay que mejorar el producto a sus máximas
posibilidades, esto no es comercial.
Entonces lo que nosotros
decimos es que hay una calidad esperada, que se relaciona con las
expectativas del cliente. Hay una calidad entregada, objetiva del producto o
del servicio, y hay una calidad percibida. Entre estos tres hay siempre una
distancia. Hay que tratar de que la calidad percibida y entregada se acerque
a la calidad esperada.
Por supuesto que siempre que hablamos de calidad aparece la eterna cuestión
de cómo hacemos para mejorar calidad de servicio o de producto, cuando el
tema de los recursos es siempre un problema tan difícil en las PyMEs. El
que está dirigiendo una empresa - cualquiera sea el tamaño - tiene que
trabajar siempre a dos puntas, lo que significa buscar la calidad del
servicio, buscar la calidad del producto, y buscar la reducción de costos.
El mandamiento es "tanto calidad de servicio, como calidad de producto,
como reducción de costos". Parecería que se tienen que aplicar todos
los esfuerzos a mejorar el producto o el servicio y entonces esto
necesariamente llevaría a aumentar los costos. Hay que mantener todo el
tiempo un delicado equilibrio entre satisfacer los deseos y expectativas del
consumidor buscando que los costos no se disparen y que todo aquello que se
agregue tenga su correlato en una mejora en la eficiencia, una mejora en los
procesos, una mejora en algún otro ámbito, y que el aumento de calidad del
producto se consiga por medio de un aumento de la calidad de la gestión.
Por eso hablábamos de la calidad de gestión y no sólo de calidad de
producto y calidad de servicio. Lo que hay que tener es una calidad de gestión.
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