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De la necesidad del
otro al gusto con el otro.
Los seres humanos somos los únicos en todo el espectro animal que nacemos tan indefensos frente a la vida y con tanta necesidad de otro para
sobrevivir.
Esto genera, apoyado en la biología, la tendencia en los seres humanos ha desarrollar vínculos de
dependencia.
Esta necesidad del otro que nos asista, muchas veces se prolonga más de lo necesario. Generando entre madre e hijo-a una trama difícil de romper.
Esta es sin duda una de las funciones indelegables del padre. Función que muchas veces por ausencia, ignorancia, falta de compromiso, o una madre muy
resistente a abandonar la simbiosis inicial necesaria, no se llega a realizar; produciendo hijos-as que se quedan ligados simbióticamente mucho
tiempo, generando estados patológicos. Con las complicaciones que esto
produce en todos los ámbitos de la vida no solamente en el vínculo amoroso.
Esta necesidad de otro, impide muchas veces encontrarnos con nosotros mismos, para transitar una
necesaria soledad y poder pararnos sobre nuestros propios pies; y así poder construir nuestros proyectos vitales.
Creemos que en el estado de enamoramiento, encantador momento del comienzo
de una pareja, la sensación de la necesidad del otro se vuelve a repetir, la
simbiosis inicial, la idealización que se tiene por el compañero es casi
como si estuviéramos narcotizados, casi como una relación madre - hijo-a. Por
eso
las expresiones tan comunes: mi media naranja, un sólo corazón dividido al
medio, como si dos se convirtieran en uno completo. Como si el otro nos completara y que no aparezca ninguna diferencia. El otro nos va a curar de
todas nuestras heridas y nos va a satisfacer todas nuestras
necesidades.
Descubrir y tolerar las diferencias, reconociendo que somos dos, con
momentos
de buenos encuentros, es el pasaje que tiene que suceder para pasar del
enamoramiento al amor.
Vamos a estar en condiciones para el amor si logramos previamente poder
estar a solas y saber construir nuestros proyectos en la vida.
Creemos que en este punto, en este pasaje, es donde fracasa la gran mayoría
de las parejas; cuando aparecen las diferencias y el otro deja de ser tan maravilloso, tan idealizado, tan necesario para nuestra vida.
Poder vivir esta frustración, reconocer que el otro no es todo lo que suponíamos, y básicamente darnos cuenta que no somos aquel niño-a que
necesitábamos de alguien para sobrevivir, es la tarea que tenemos que hacer para construir y sostener el amor en la pareja y hacerlo duradero.
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