Por Liliana Racauchi - José Bidart - Spa Naturista Las Dalias - Contáctese con Nosotros
Escuchar
Nuestro Cuerpo
Para
aprender a escuchar el cuerpo primero que nada necesitamos tener conciencia
de cómo somos, es decir qué pensamos, qué sentimos, cómo actuamos, cómo
vivimos: sexo, edad, lugar en el que se vive, tipo de clima, actividad
laboral, si se es soltero o casado, si se vive en casa o departamento, en la
ciudad o en el campo, comprender la historia personal y familiar, si se
tiene una vida social intensa o no, las características psicológicas y
emocionales, qué se come y cómo se come, si se hace actividad física y si
así fuera cuál, si se hacen actividades expresivas, si se tiene una vida
sexual activa ó no.
Profundizando
más, para conocer nuestro cuerpo necesitamos saber si se está en
primavera, verano o invierno, ya que dependiendo de cada estación los órganos
y la psiquis van a funcionar distintos, ya que cada época del año tiene
que ver con ciclos dentro de la naturaleza que permiten estados diferentes.
Por ej. el otoño es un período de descarga, por algo las hojas caen de los
árboles, en nosotros ocurren esas mismas descargas. El estómago, el páncreas
y el bazo son los órganos más afectados en esa época, además comienza un
tiempo de meterse hacia adentro con lo cual el sentimiento de introspección
y nostalgia es más fuerte; el invierno tiene que ver con la quietud, con el
silencio y eso conlleva a una situación anímica determinada que afecta el
funcionamiento de nuestro estado general. Es decir cada estación, con sus
características y diferencias genera en los seres humanos estados psico-físicos
distintos.
Si
la luna está llena, creciente, decreciente o nueva, también afecta a
nuestra naturaleza, ya que si las mareas y los cultivos son afectados por el
ciclo lunar lo mismo ocurre con nosotros. Por ej. los días de luna llena
estamos mucho más energetizados, excitados
y se duerme menos horas o bien tenemos más dificultades en conciliar
el sueño. El índice de humedad, la presión atmosférica, la temperatura,
los vientos, la lluvia, la presencia del sol, la presencia de nubes, la
calidad del aire que respiramos, todo afecta íntimamente nuestro estado.
¿Qué
es lo que nos impide escuchar
el cuerpo?
Hay
distintas razones, una de las más importantes es la falta de sensibilidad.
Esta
falta de sensibilidad está relacionada por un lado con un incesante
parloteo mental que nos va generando un estado de embotamiento. El parloteo
mental es producto de la falta de meditación, entendiendo por ésta la
posibilidad de conocimiento propio.
El
actual estilo de vida, basado en el eficientismo y en la excelencia, genera
un estado de exigencia y de ansiedad por la búsqueda de perfección.
Esta
presión y exigencia interna, son las generadoras de la exigencia externa,
es decir la sociedad está formada por el cúmulo de sensaciones, ideas,
creencias de cada persona.
La
sociedad está basada ideológicamente en el “tener” y en el querer
“ser”, lo cual impulsa a la comparación, dando como resultado todo
esto, una sociedad competitiva, con sentimientos de envidia, lo cual
insensibiliza, destruye y nos aleja cada vez más de la posibilidad de
escuchar nuestro cuerpo y nuestra mente.
También
el miedo en todas sus formas es responsable de la falta de sensibilidad,
este miedo a su vez endurece, encierra y esto quita capacidad de sentir.
El
miedo se manifiesta por ej. cuando tenemos un malestar físico y creemos que
esto nos puede llevar a una enfermedad terminal, este miedo a su vez, se ve
exacerbado por la actitud que tiene la medicina convencional de funcionar a
través de generar temor en las personas. Sucede, en general que si una
persona con un dolor de estómago va al médico, éste primero que nada le
manda a hacer una serie de estudios los cuales dan cifras. La lectura de
estas cifras se dan en función de promedios dónde se leyeron a unas
ciertas cantidades de personas, pero fuera de éstas existen otras tantas
que tal vez funcionen bien y no responden a esos parámetros. También aquí
existen intereses creados ya que muchos laboratorios medicinales pagan
cifras muy grandes para que los parámetros sean de tal forma como para
vender más de ciertos medicamentos. Determinar, por ej., que el índice de
colesterol sea tal, que haya que vender más medicamentos que ayuden a
bajarlo.
Volviendo
a la persona con dolor de estómago, ésta sale de su médico con una serie
de medicamentos para aliviar su estado, eliminar el síntoma y además con
el temor de que si no lleva adelante este tratamiento puede desembocar en
algo “peligroso”. Este accionar genera insensibilidad, en primer lugar
porque se actúa a partir del miedo, se bloquea la posibilidad del organismo
de expresar su sentir a partir de una descarga necesaria, es decir se
insensibiliza al no dejar salir las toxinas que están pidiendo ser
eliminadas, estas toxinas son producto tanto del cuerpo como de la mente. En
segundo lugar se está ingiriendo una serie de medicamentos, que por su
misma química y las contraindicaciones que tienen, insensibilizan los órganos,
alteran la calidad de la sangre y la claridad del pensamiento.
El Cambio
Empezar
a escuchar el cuerpo sería estar atento y perceptivo al síntoma, descubrir
el miedo que hay atrás de toda sensación de malestar, con lo cual
probablemente más del 50% de los síntomas desaparecerían. Tomar
medicamentos para eliminar el síntoma significa eliminar la posibilidad de
entender, comprender todas las motivaciones subyacentes que hay detrás de
toda manifestación física.
También es importante buscar la información
necesaria acerca de cómo resolver malestares, investigando uno mismo a través
de una bibliografía adecuada, de profesionales responsables que ayuden a
prevenir y trasmitan conocimientos como para generar la independencia. Es
importante también no derivar a otro la responsabilidad sobre nuestros
problemas físicos y psicológicos, es decir poner interés en aprender y
dar posibilidad de ir siendo uno mismo su propio curador.
Jung
decía que la enfermedad es la expresión que tiene el cuerpo de mostrar lo
que la mente no ha llegado a comprender.
Estas
manifestaciones están sustentadas en una forma de ser y de funcionar frente
a la vida, por lo tanto en lugar de actuar sobre el síntoma, lo importante
es poder cambiar la forma de actuar, de funcionar, con lo cual los síntomas
desaparecerían.
Es
aquí dónde la meditación tiene su validez, ya que permite llegar a la raíz
de nuestros conflictos y esto permite cambios naturales y profundos,
sustentables en el tiempo que fortalecen a la persona.
Hoy
existe lo que se llama una “Nueva Medicina”, que intenta curar por medio
de la meditación y de los elementos que la naturaleza ofrece a través de
la nutrición, la actividad física, el contacto con el aire, el fuego, el
agua, la tierra y la capacidad de vivir creativamente. Existen muchas
evidencias al respecto, dónde se ha podido comprobar la capacidad curativa
de la meditación y de estos elementos.
Esta
manera de cambiar, producto de la comprensión que tiene que ver con el no
esfuerzo y con la no lucha dan lugar a una vida plena, con paz interior y
libertad.
Sensibilidad,
fortaleza, humildad, coraje y fundamentalmente un gran interés en generar
un cambio es la conjunción necesaria para que lo anterior sea posible.
Esa
es la belleza de la vida.
Por
Spa Naturista Las Dalias
|