Por Liliana Racauchi - José Bidart - Spa Naturista Las Dalias - Contáctese con Nosotros_____ Vacaciones
Inteligentes ú Ocio Creativo – Parte II El
poder curativo del aire El
primer vínculo que uno tiene con la vida es con la respiración, si no
respiramos no vivimos. Respirar un aire cargado de fuerza, pureza, de iones
negativos que son los propios de lugares descontaminados, alcaliniza la
sangre. Caminar por senderos de montañas o por playas poco habitadas,
llevando el aire lo más abajo posible, a un punto que está a 4 dedos por
debajo del ombligo y expirar naturalmente, caminando con la pelvis hacia
adelante, los hombros bajos y hacia atrás, la mirada hacia el horizonte,
todo esto amplía la visión, la mirada interior y la mente. Buscar de hacer
ejercicios respiratorios, sentado debajo de los árboles, o en la arena, o
mientras estamos con los pies sumergidos en el agua. El
poder curativo de la tierra La
arena marina contiene los elementos químicos del mar e incluso del aire
debido a su elevada porosidad y permeabilidad. La
elección inteligente del alimento El
verano es un momento en que la ingesta de alimentos ha de ser menor que en
otra época del año. Uno en vacaciones tiende a comer más de lo que
habitualmente está acostumbrado debido a que está más relajado o bien a
que tiene más tiempo disponible. Este comer más de lo que se está
habituado puede convertirse en un problema ya que, incluso por más sana que
sea la elección de la comida, el exceso de alimento perjudica las funciones
digestivas y circulatorias. Por esto lo ideal es comer lo necesario y estar
atento a las cantidades. Tanto en el mar como en la montaña es bueno
reducir la cantidad de proteínas, por efecto del calor y del sol, además
el aire mismo que respiramos, el agua y todo lo que hablamos anteriormente
nos aportan nutrientes que no necesariamente tienen que incluirse por el
alimento. La
actividad física Si
no hay movimiento no hay salud. La falta y el exceso generan lo mismo, una
acidificación de la sangre, una incapacidad de eliminar los deshechos del
organismo y un estado de sosiego en la mente. En el mar las caminatas
descalzo por la arena, yoga en la playa mientras sale el sol o se pone en el
horizonte. En la montaña caminatas entre arroyos y piedras viendo salir la
luz del sol a través de ellas, poder entre sendero y sendero bañarse en
arroyos y ríos. Aprovechar el calor para poder flexibilizar aún más el
cuerpo y conocer las posibilidades del mismo, trabajar las articulaciones en
el verano para evitar los endurecimientos del invierno. La
capacidad de contemplación En
una hamaca paraguaya cerrar los ojos y recibir esa brisa sobre la piel,
conectarse con los pájaros, escuchando su lenguaje, observar sus
movimientos, Impregnarse de cielos diáfanos. Sentir
la calidez de la arena y llevar la mirada al horizonte, escuchar el canto
del mar, conectarse con el nacimiento y el fin de las olas (todo nace y todo
muere). Observar a los pescadores haciendo su labor o bien a los campesinos
trabajar la tierra. En
las noches cálidas del verano mirar hacia arriba y sentir la pequeñez de
uno entre tantas estrellas, tomar baños de lunas crecientes, llenas,
menguantes... Observar las estrellas fugaces mientras se escucha el sonido
de grillos, búhos, ranas y tantos otros compañeros de la noche.
Este
tiempo de vacaciones en lugares agrestes nos permite romper estructuras,
moldes, soltar aquellas cosas que están enquistadas y que tienen que ver
con miedos, exigencias, prejuicios. Aprovechemos esta instancia para tener
una actitud más sensitiva, estar sin calzado, lo más suelto posible de
ropas, sentir el cuerpo, estar más entregado a los vínculos personales,
libre de actitudes defensivas, en definitiva, estar más entregado a la vida
toda. Estas
vivencias quedan tan marcadas en uno que permiten sentirse parte de TODO.
Esta sensación de ser parte y no estar separado, esta posibilidad de
descubrir la Naturaleza en todas sus facetas y sentirse perteneciente a
ella, enseña a vivir y luego todas esas sensaciones quedan en uno y uno
percibe que hay un estado al que es posible acceder y no quiere perder y uno
aprende, entonces a vivir con más sensualidad y menos presionado por uno
mismo y por lo externo. Ojalá
al regresar no sintamos que la vorágine nos atrapó nuevamente y que no sea
la vida quien nos maneje sino que nosotros podamos manejar nuestra vida. Por Liliana Racauchi - José Bidart - Spa Naturista Las Dalias
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