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Por Diario La Nación______________________________________________________
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Economías
regionales, ¿listas para exportar?
La
maxidevaluación del peso las hizo competitivas en materia de precios
externos, pero hay dudas sobre el impacto de las retenciones, por la falta
de financiación y por el cambio permanente de las reglas de juego
Temas
relaciona
En
tiempos en que la Argentina sólo consigue divisas por sus ventas externas,
y que las provincias necesitan fondos frescos para compensar el ajuste de
las cuentas públicas que reclama el FMI, el gobierno nacional confía en el
desempeño de las economías regionales -productoras, en su gran mayoría,
de bienes comerciables- para salir del pantano en que se encuentra hundido
el país.
José
Ignacio de Mendiguren, ministro de la Producción, dice que "de esta
crisis saldremos exportando", ysupone que la maxidevaluación implicará,
necesariamente, un aumento de competitividad para las alicaídas
producciones regionales.
Los
limones de Tucumán, los vinos de Mendoza, el maní de Córdoba, las peras y
manzanas de Río Negro, la madera de Misiones y de Formosa, las aves de
Entre Ríos, son algunos de los productos y sectores que el gobierno
sostiene que "recibirán un fuerte beneficio" a partir del aumento
en pesos que registran sus precios de venta en el exterior.
Pero
De Mendiguren va más allá y asegura que "las economías regionales
están listas para exportar", sin aclarar -claro- que esta apuesta se
produce en un contexto signado por la cesación de pagos de la deuda externa
y la falta de confianza del sector empresarial. Y que después de más de
diez años están de regreso las retenciones a las exportaciones, que el
presidente Duhalde había prometido que serían más reducidas para algunos
productos típicos del interior, que juegan un rol clave en el desarrollo de
las economías provinciales, como frutas, limones, algodón, tabaco o miel,
promesa que, finalmente, no se cumplió.
"La
mayor perversión del sistema es que se cobra el derecho antes de
exportar", dice el presidente de la Cámara de Exportadores de la República
Argentina (CERA), Enrique Mantilla, a la vez que destaca la mayor incidencia
de los costos dolarizados que debe afrontar el exportador para pagar insumos
importados o servicios en el exterior.
Por
la combinación de estos factores, la CERA no sólo no espera un repunte,
sino que vaticina para este año una caída del cinco por ciento respecto de
los US$ 26.600 millones que significaron las ventas externas del año último.
Los
escollos
Según
Economía, las retenciones tienen una doble función: moderar el impacto del
aumento de tipo de cambio en los precios internos y mejorar la situación
por la que atraviesan las maltrechas finanzas públicas, con el fin de
sostener los programas sociales.
Sin
embargo, el economista Raúl Hermida, director del Instituto de
Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba, sostiene
que la aplicación de retenciones a la exportación intenta solucionar un
problema fiscal de corto plazo.
"En
el largo plazo destruye la exportación agroindustrial y por lo tanto acentúa
la dependencia del financiamiento externo. Es una de las formas más
perversas de consolidar el estancamiento económico del país",
asegura.
En
su opinión, las empresas de las economías regionales no están, en
general, preparadas para exportar. Y enumera los principales escollos: falta
de financiamiento, alta presión impositiva, cambio permanente de las reglas
de juego, elevadísima incertidumbre, imposibilidad de efectuar un cálculo
de rentabilidad razonable.
"El
sector agrícola tiene niveles de competitividad muy elevados sólo cuando
las condiciones macroeconómicas son más o menos normales. Alcanzan altos
niveles de competititvidad algunos productos del sector frutihortícola y el
sector primario", dice.
Entre
los ejemplos de Córdoba referidos a la agroindustria, Hermida señala el
sector manicero, la industria láctea, la aceitera y la de la molienda húmeda
de maíz.
"En
un nivel más reducido puede mencionarse el sector de la madera y el mueble.
El caso más significativo de una empresa que agrega valor a la producción
agrícola es el de Arcor", concluye Hermida.
Pero
hay quienes ven el panorama, a pesar de la tajada de las retenciones, con
mayores ilusiones: "La devaluación nos agarró con el ajo acopiado en
galpones y eso nos vino muy bien; vuelve la rentabilidad", dice Juan
Chiapinotto, presidente de la Asociación de Productores, Empacadores y
Exportadores de Ajos y Cebollas de Mendoza.
La
depreciación del peso también afectó positivamente al sector exportador
de peras y manzanas de la provincia de Río Negro. "Hasta este momento,
las perspectivas son buenas", dijo el presidente de la Cámara
Argentina de Fruticultores Integrados, Miguel Miquel.
También
afirmó que es posible que para junio de este año -cuando terminen de salir
las últimas manzanas al mercado europeo- hayan ingresado al país unos 380
millones de dólares en concepto de exportaciones.
En
la Patagonia, la devaluación del peso impulsó, además, la llegada de un
aluvión de turistas extranjeros, alentados por los nuevos precios de
hotelería, gastronomía y excursiones. E impactó en la competitividad de
los precios de productos regionales, como truchas y ahumados.
"En épocas de
convertibilidad era imposible exportar -dicen los productores-. Pero tras la
devaluación, la Argentina comenzó a recuperar mercados."
En
cuanto a los citricultores tucumanos, primeros productores de limones del
mundo, están buscando nuevos destinos de exportación desde que la Justicia
de California frenó sus ventas a Estados Unidos, supuestamente por razones
sanitarias, y aún se desconoce si el mercado volverá a abrirse. Para la
segunda quincena del mes próximo tienen planeado viajar a China en
respuesta a una invitación de las autoridades de ese país para exponer
sobre las características del limón tucumano, que podría ingresar allí
desde este año como contrapartida del apoyo argentino al ingreso del país
asiático en la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Como
se sabe, los altos subsidios y la protección arancelaria que los países
desarrollados mantienen para su producción agropecuaria constituye un
impedimento importante para el avance de nuestras exportaciones de
agroalimentos.
Según
el economista Juan Llach, nuestro país podría llegar a exportar
agroalimentos por más de US$ 40.000 millones anuales, sin embargo, por
ejemplo en 2000, sólo exportamos US$ 13.000 millones debido a las
diferentes barreras señaladas.
En
el caso de productos alimenticios y hablando específicamente de algunos
mercados asiáticos, la Argentina tiene aún pendiente la firma de
protocolos y tratados sanitarios que permitan el acceso de muchos de
nuestros productos a países como Japón y China.
"La
importante devaluación de la moneda argentina no soluciona per se algunas
fallas de nuestra estrategia exportadora como es, por ejemplo, el hecho de
que la Argentina no tiene aún una imagen definida en el exterior en materia
de productos", dice Ernesto Fernández Taboada, director ejecutivo de
la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China.
En
julio último, el secretario del Tesoro norteamericano, Paul O'Neill, dijo
que "la Argentina no tiene ninguna industria de exportación
interesante".
El
economista francés Guy Sorman, en su última visita a la Argentina, declaró
que nuestro país "no es una marca registrada. Lo que debe hacer es
vender un sueño. En un mundo globalizado sólo se sobrevive con un marketing
adecuado".
De
modo que -como señala Fernández Taboada- no sólo es cuestión de contar
con una alta retribución en pesos por cada dólar exportado, sino también
de un largo proceso de promoción y marketing que implica el trabajo
conjunto de las empresas, las cámaras empresariales provinciales y
regionales, y el sector público.
Existen
en varias provincias organismos estatales o mixtos que están trabajando
activamente y en forma eficiente para facilitar el acceso de nuevas empresas
al negocio de la exportación.
Un
caso notable es elde Pro Mendoza, que además de un trabajo de difusión y
de docencia organiza misiones comerciales al exterior y ha logrado aumentar
el número de compañías mendocinas que exportan merced a la tenacidad y
empeño con que desarrolla su labor pese a contar con exiguos presupuestos.
Catamarca
es la provincia que ha registrado el más explosivo aumento en sus
exportaciones durante los últimos 10 años. Crecieron más del 4800 por
ciento en dicho lapso.
La
provincia de Santa Fe abunda en ejemplos de Pyme que se han asociado para
poder abordar el mercado externo con más fuerza, en una inteligente decisión
estratégica.
También
las federaciones y cooperativas están trabajando activamente para agrupar
la oferta exportable y hacerla más atractiva a los importadores del
exterior. Tal es el caso de la Federación de Cooperativas Apícolas, que
agrupa a 40 cooperativas de nueve provincias que tienen 3000 productores.
Según
comenta Fernández Taboada, en el caso de los mercados asiáticos hay buenas
posibilidades para aumentar la presencia de productos de nuestras economías
regionales que son realmente competitivos, como el tabaco de Salta; las
frutas secas de Mendoza y San Juan; los muebles de madera del área de
Rafaela (Santa Fe); los velvets y colas de ciervos de Chubut y Río Negro;
las lanas y cueros de oveja de la Patagonia; los limones y derivados de
Tucumán; el algodón del Chaco; las maderas de Misiones; las peras y
manzanas de Río Negro; las garras y alas de pollos de Entre Ríos; los
vinos tintos de la región de Cuyo, de Salta y Río Negro.
En
cuanto a la carne, la Argentina está recuperando, paso a paso, algunos de
los 70 mercados que perdió el año último con el rebrote de la aftosa. A
la reapertura de la Unión Europea para las carnes de las distintas regiones
del país, ahora se suma Israel y se está negociando para empezar a abrir
el Nafta (Estados Unidos, México y Canadá). Los frigoríficos esperan
ingresar, en el transcurso de este año, divisas por US$ 160 millones.
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