Por
Lic. Carlos López para la Consultora Enikö Bihar y Asociados - Contáctese con
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Del
Recurso Humano al Marketing
Interno
Una
de las aristas de la actual crisis económica que lamentablemente se viene
profundizando en los últimos meses en nuestro país, tiene que ver con el
impacto negativo sobre la competitividad de las empresas. Conceptualmente
toda crisis que se genera en un ámbito social, cualquiera fuese éste,
significa siempre un efecto directo sobre una parte o la totalidad de las
personas que forman parte de dicho ámbito. Por otro lado y como ya sabemos
toda crisis es también oportunidad, por lo que es en el propio substrato
social donde potencialmente se generan los mecanismos de defensa necesarios
para superar las circunstancias adversas de tal situación.
De
esta forma, cuando nos expresamos en términos de crisis de competitividad
en una empresa, no hacemos otra cosa que realizar una referencia explícita
a la forma de comportamiento psicosocial de quienes integran la organización.
Es decir que cualquier indicador endógeno que se utilice para señalar la
crisis, como puede ser por ejemplo una tecnología deficiente, restricciones
financieras, estrechez del mercado, caída de las ventas, pesada estructura
de costos, etc., tienen como común denominador al substrato social de la
organización.
Ahora
bien, si las personas que integran la empresa son importantes - tal cual lo
reconocen las más modernas teorías sobre Recursos Humanos - para que
aquella pueda crecer en su mercado, lo son y mucho más para superar
situaciones adversas como es el caso de la actual crisis económica. Claro
que los métodos y la filosofía de gestión no pueden ser los mismos cuando
las condiciones exógenas son distintas. No es igual proponerse mejorar la
posición en el mercado cuando en éste existe una demanda sostenida, que
procurar subsistir cuando se dan en él sólo condiciones de franco
achicamiento.
Es
éste punto donde se produce a nuestro juicio la inflexión entre la teoría
de los Recursos Humanos que conocemos y el Marketing Interno. En efecto,
históricamente la gestión de los Recursos Humanos nació como una
combinación de aplicaciones conceptuales y metodológicas provenientes
fundamentalmente de las ciencias psicosociales, a fin de que el personal de
las empresas acompañara con su desempeño el crecimiento comercial de
aquellas.
Para
entender este proceso, ubiquémonos temporalmente en los años 50 y veremos
que las perspectivas de crecimiento en los mercados eran casi ilimitadas.
Entonces el herramental que se diseñó para ser aplicado en las áreas de
Recursos Humanos se orientó básicamente a que el personal de las
organizaciones respondiera con esfuerzos de producción y no tanto de
creatividad, a la demanda creciente de aquellos mercados. Quizá con algunas
variantes en la forma, las técnicas de administración de este recurso se
han basado en la aplicación de organigramas de diseño vertical, con la
mayor distancia posible entre el vértice y la base; comunicaciones internas
sólo abiertas a lo estrictamente necesario para el desarrollo de la tarea;
evaluaciones de desempeño destinadas a gratificar esfuerzos individuales y
sancionar desaciertos premios y estímulos a la productividad en función de
objetivos cuantitativos de producción; descuentos por ausentismo y
adicionales por presentismo; estructura salarial piramidal rígida y
ajustada a convenios colectivos; escasa rotación interna; escasa capacitación
y con contenidos en su mayoría vinculados al uso de la tecnología
instalada; liderazgos poco participativos logrados formalmente por el
reconocimiento al tiempo de permanencia en una función o en la empresa.
Esta
es sucintamente la realidad de gran parte del parque de empresas de nuestro
medio. El mercado cambió, los requerimientos para competir crecieron y el
tema de la competitividad se instaló con fuerza para poder seguir en el
mercado. Y entonces se hace inevitable la siguiente pregunta: ¿sirven
realmente aquellas técnicas de gestión para hacer que el personal de tome
para sí la responsabilidad de ser copartícipe de la suerte de la empresa
en su mercado?
Si
aceptamos que en una situación de profunda crisis de competitividad
cualquier esfuerzo individual por más calificado que sea es insuficiente,
es muy posible que acordemos que aquellas técnicas basadas en el desempeño
individual y por lo tanto estructuralmente desvinculado de los resultados de
la organización, resulten ineficientes e ineficaces para garantizar las
acciones que se requieren.
Ante
esta limitación los responsables de las áreas de Recursos Humanos han
tenido que salir presurosos a buscar otras alternativas creativas de gestión,
que permitan que el personal sea realmente la parte activa que las empresas
tienen a su disposición para mejorar su actual nivel de competitividad. Y
en esta búsqueda, el Marketing mucho tiene para aportar.
Precisamente
si hay un aporte objetivo que organizacionalmente se le debe reconocer al
Marketing, es nada más ni nada menos que haber “descubierto” el valor
del cliente para la vida de toda empresa. Esto significa que trajo a las
empresas la “nueva” noticia que los
clientes en tanto seres humanos tienen necesidades, deseos y expectativas, y
que en los últimos años, estos han descubierto el inmenso poder que
representan en la suerte de aquellas en sus mercados. Estamos viendo en
general en la última década, una liberación mayor del individuo-cliente,
digamos una mayor movilidad; éste espera más por el producto o servicio
que compra y si no lo encuentra, cambia rápidamente de proveedor.
Bien
podemos decir entonces que lo que hizo el Marketing, fue hacerle un aporte
de humanismo a la empresa al hacerle saber que detrás de cada cliente, hay
un ser humano con capacidad de opción y decisión y que es cada vez más
difícil de engañar. Claro que el Marketing no llegó por azar a éste
hallazgo, sino que lo hizo a través del recurso de la investigación que le
ha permitido conocer con fundamento científico los estilos de
comportamiento del individuo.- cliente, antes, durante y después de una
compra.
Vale
decir que lo que el Marketing hizo fue lo que hasta ahora no había logrado
el área de Recursos Humanos: indagar en el componente humano reconociendo
por un lado la importancia en la vida de la organización y por otro, que
como tal, es poseedor de necesidades, deseos y expectativas dinámicas que
inducen el comportamiento individual y grupal. Precisamente cuando las
empresas tomaron nota del valor del cliente, inmediatamente detectaron que
las estructuras internas pensadas sólo para obtener ventajas apostando únicamente
a la producción, no contemplaban la posibilidad de crearle valor a quienes
en buena medida deciden la suerte de la empresa en el mercado.
En
este contexto, los únicos que pueden detectar, conocer e interpretar las
expectativas de satisfacción de los clientes externos, son las personas que
integran la empresa y para ello, deben estar organizadas de tal manera que
puedan efectivamente relacionarse con aquellos en el proceso de generarles
valor. El Marketing al abocarse decididamente hacia la problemática de los
clientes, indirectamente hizo que se debiera prestar mayor atención al tema
del propio personal de la empresa. La lógica más elemental indica que es
impensable pretender satisfacer a los clientes si quienes los tienen que
atender, no están satisfechos a su vez. Por eso en
las empresas cuando se trasciende lo meramente remunerativo y se pondera
toda la escala de lealtades por las que puede optar el personal en tanto
seres humanos, es cuando se comienza a concretar un asomo a la complejidad
del proceso de interrelaciones internas que bajo la forma de patrones de
conducta, cobran incidencia
final sobre el tipo de atención real que se le da a los
clientes externos. Entonces se empieza a transitar el camino de la
competitividad.
Así como hay un cliente (externo) que al comprar pretende satisfacción,
hay también un “cliente interno” que en su condición de persona,
aspira igualmente a alcanzar idéntico estadio en su relación laboral con
la empresa. La forma en que el individuo organiza sus necesidades
conscientes e inconscientes, sus necesidades sociales y sus necesidades
fisiológicas, determina su comportamiento frente a determinadas
situaciones. La manera personal de estructurar las necesidades individuales
viene condicionada por la acción mutua de las características psíquicas,
físicas y por el ambiente cultural en el que se interactúa. Si
el clima laboral expresa las condiciones en las que se desenvuelve el
“cliente interno”, indagar, detectar, conocer e interpretar las
expectativas de satisfacción del mismo, debe ser entonces funciones específicas
del Marketing Interno. Esto significa que así como el Marketing tradicional
indaga en las expectativas de los clientes externos para poder satisfacerlas
competitivamente, el Marketing Interno debe hacer lo propio en el “cliente
interno”, considerando la importancia significativa que tienen las
personas (clientes externos e internos) en la competitividad de la empresa.
Por Lic. Carlos López para la
Consultora Enikö Bihar y
Asociados.
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