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Las mujeres en proceso de cambio
El proceso de creación de un nuevo rol
femenino es un movimiento dialéctico entre ella, la sociedad y la cultura.
Así como todavía se encarnan valores culturales como la sumisión,
postergación y mansedumbre, la mujer tiende a actuar cada vez con más
fuerza, tratando de romper con estos valores, convirtiendo por ejemplo, el
sometimiento en fuerza crítica que la conecte con sus propios intereses y
deseos. Quizás esta nueva forma de actuar pueda ser mirada como
transgresora, pero este estilo de mujer más actual es la creadora de un
tiempo y un espacio para la realización de proyectos personales.
Lo que define a una mujer como creadora es el
enorme esfuerzo que realiza por autorreconocerse, saber más sobre sí
misma, recreándose así en la lucha para lograr una identidad más
valorizada que no sólo tenga que ver con el hogar y la familia y el
servicio a los demás.
La alegría de ir logrando lo que nosotras
esperamos de nosotras mismas es un proceso creativo, crearnos a nosotras
mismas es un acto de reparación, del mismo modo que la culpa puede ser uno
de los mayores obstáculos. A partir del replanteo que la mujer haga de su
propia vida van a ir apareciendo los diferentes niveles de su realización
personal desde la relación con su propio cuerpo, el vínculo con los demás,
con el hombre, con sus hijos, consigo misma, con el tiempo y con la
espiritualidad.
Esta mujer se reconoce como resultante de su
propio trabajo fecundo y no de su esterilidad, esto sólo puede producirse a
través de las crisis y conflictos, que a veces son muy dolorosos pero que
ayudan a encontrar esos cambios que tienen que ver con descubrir la auténtica
identidad.
Crecer implica riesgo pero postergarse
también.
La sensación de complacerse a sí misma es
algo ajeno a muchas mujeres, en general, éstas han hecho una gran inversión
emocional en pos de su vida familiar. Sentirse eficaz y libre conlleva a
mantener mejores vínculos con los demás.
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