|
Artículo
|

|
Por Lic. María Eugenia Gabes - Contáctese
Acompañando a los hijos adolescentes
La experiencia clínica nos enseña que muchas veces los padres sienten que
se encuentran en un callejón sin salida cuando sus hijos adolescentes
comienzan a cambiar sus hábitos, sus costumbres, el carácter, la
vestimenta y las amistades. Ven a sus hijos como seres extraños y no saben
muy bien cómo conducirse con ellos.
Es que la adolescencia es como un volver a nacer. Esta es una etapa signada
por la ambivalencia afectiva, por un lado un deseo irreprimible de
independizarse, de liberarse de la tutela paterna, de probar nuevas
experiencias y por el otro, estados de abulia, de desgano, agresividad,
inquietud e indolencia, mal humor.
Muchas veces las conductas y las manifestaciones afectivas parecen estar en
contraposición total de lo que los padres habían inculcado hasta ese
momento. Estas cuestiones, a veces son tomadas como un ataque a la autoridad
paterna, cuando en realidad no son más que modos y búsquedas de una forma
de separación, de una preparación para la adultez.
La adolescencia es una etapa de felicidad y también de sufrimiento intenso
y no sólo para los jóvenes, sino también par los padres que no atinan a
encontrar soluciones para esos momentos difíciles que les toca vivir. De más
está decir que la palabra adolescente proviene del latín, adolescere que
significa sufrir.
Los padres frente a estas situaciones reaccionan, a veces enojados y otras
con un sentimiento de impotencia, generando de este modo una separación
muda y ciega, produciendo silencios en vez de palabras para abordar a sus
hijos y olvidando lo que a ellos les ocurría en la misma época de la vida.
La adolescencia es una nuevo momento de descubrimientos, el joven siente y
percibe los cambios corporales y le cuesta aceptarlos rápidamente, por eso
se inhibe y se aísla o bien busca en sus pares la seguridad. Casi nunca los
cambios corporales están sincronizados con los psíquicos y eso produce,
conductas confusas y dispares en ellos, sin que esto signifique que estén
enfermos.
En este caso es recomendable que los padres se mantengan calmos y que se
acerquen a sus hijos dentro de lo posible, amablemente, tratando de
establecer contacto con ellos ahora de un modo diferente.
Promoviendo charlas y conversaciones adultas, permitiéndoles que expresen
sus pensamientos y sentimientos, como así también sus proyectos sin
descalificarlos. La palabra acompañará a la ternura que de ningún modo
debe perderse, pero seguramente cambiará su estilo, ahora será la escucha
atenta y el interés por los logros o problemas del joven. Esto no significa
que los padres claudiquen en su autoridad cuando el joven se vuelve
insolente, ni que renieguen de sus posiciones éticas y morales, pues es
este el momento en que los hijos más necesitan de la firmeza de sus padres.
Lo que si será necesario es flexibilizar las ideas para lograr así un
mejor acercamiento.
|
|
|
|
|