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Spa Las Dalias - Contáctese con Nosotros
Sobre el Estrés y el Valor en
las Pequeñas Cosas de la Vida - Parte II
Estrés por enfermedad
La enfermedad asusta, a uno se le interpone la idea de la muerte, surge el
temor al dolor físico y cuando éste se manifiesta hay tensión.
El temor genera tensión e inseguridad y se cree erróneamente que pensando
se aliviana el temor. Cuanto más inseguro y temeroso uno se siente más
piensa y es este exceso de pensamiento, este estar tan centrado en lo que a
uno le sucede es lo que estresa y agudiza aún más la enfermedad.
Este estrés, surge porque resistimos lo que sucede, ya sea dolor o el
sabernos enfermos, limitados, incapacitados. Pensamos y pensamos en lo que
nos pasa o bien rechazándolo: "¿porqué a mi?", justificándolo
o tratando de comprender, pensando y pensando, queriendo resolver ya,
entonces no podemos dormir pensando obsesivamente cómo resolver y qué
hacer para que esto se termine.
El estrés se genera por el exceso de preocupación, de tensión, por la
presencia de un conflicto al que no se le vé salida, por una mente que no
para de elucubrar, por no poder entregarse a la situación aceptándola
creativamente, no resignado, sino con confianza en la vida, sabiendo que se
hace lo posible y se va en la dirección correcta para aliviar y curar y que
en el silencio de la mente puede surgir la solución no solo psicológica
sino física.
La desesperanza, la falta de confianza, la sensación permanente de miedo, y
el mismo estrés producto de todas estas sensaciones, agravan aún más los
síntomas, la posibilidad y el tiempo de la curación.
Vale destacar que en lo que hoy se llama una "Nueva Medicina",
liderada por el Dr. Ryke Hamer ver XXX se trabaja la curación de
enfermedades degenerativas, tales como el cáncer a partir de ayudar a
eliminar el estrés generado por un conflicto psicológico debido a una
situación traumática, que es justamente la que ha generado la enfermedad.
Estrés por separaciones, mudanzas, emigración, pérdida de seres queridos,
vínculos difíciles…
La adversidad, el cambio, el romper una estructura conocida y cambiarla por
otra, cambiar el lugar de residencia, de trabajo, una desavenencia con algún
otro, una situación inesperada, situaciones tales como: "nos llevábamos
bien y empezamos a pelear", "tenía trabajo y ya no lo
tengo", "tenía dinero y se acabó", "vivía en Bs. As.
y ahora en Francia", "estuvimos 20 años casados y nos
separamos", generan estrés.
Muchas de estas situaciones son difíciles de sobrellevar, son muy dolorosas
e implican un gran sufrimiento, como pérdidas de seres queridos,
accidentes, situaciones fatales...
Hay ciertos tipo de estrés que pueden manejarse y que es posible a partir
de la comprensión encontrar la manera de superarlo, hay otros más difíciles
que implican un antes y un después en la vida de una persona, pruebas
tremendas a las que hay que exponerse y a las que muchos han podido
atravesar e incluso superar.
Es bueno recordar en este caso la situación límite que le ocurrió a una
persona que luego escribió un libro en relación a su experiencia y a lo
que llegó a comprender a través de ella. Le tocó presenciar el asesinato
de su esposa e hijos por parte de la gestapo y en ese mismo instante según
cuenta le surgió el pensamiento que tenía que elegir, entre enloquecer y
quedar desahuciado para toda la vida o la posibilidad de conectarse con el
sentimiento de autocompasión ante quiénes habían cometido ese crimen y en
consecuencia un sentimiento de amor por la humanidad toda. Hay muchas
personas que frente a situaciones límites pueden aprovechar esa
circunstancia para que nazca algo nuevo, gente que frente a la muerte de un
ser querido luego se dedica a generar una importante ayuda para la humanidad
a partir de investigaciones médicas, tareas educativas y solidarias. El ser
humano tiene en sí mismo las dos fuerzas el "Tánatos", la de la
muerte y el "Eros", la de la vida. Las dos existen y uno puede
tener la capacidad de elegir cuál de las dos quiere accionar. Muchos lo han
hecho y han elegido a Eros; si en la raza humana es posible hacerlo, esto
implica que nos es posible a todos poder elegir.
El dolor está en todo ser humano, está instalado en el inconsciente
colectivo y hay situaciones que lo disparan con mayor o menor intensidad.
Poder aceptar el dolor amorosamente, sin la autocompasión, no con: "lo
que a mi me pasa", distiende.
El estrés surge cuando no se acepta la realidad, cuando se culpa a la vida,
al otro, a las circunstancias.
Cuando una persona puede tener una cosmovisión y entender que su problemática
no es suya, lo que "a mi me pasa", "mi dolor", "mi
sufrimiento", "mi pérdida" y entender que su problemática
es la del ser humano en su totalidad, puede alivianar su dolor, su
inseguridad, su estrés.
Lo real es que resistimos la vida, que nos estresamos y tensionamos. Tal vez
poniendo una gran atención a lo que se siente y vive y sin el juicio frente
a eso que uno "es", y sin enojo, sino comprensión que no es
autocompasión, o lástima por uno mismo. Ese estado de atención y la
actitud amorosa frente a lo que a uno le sucede han de actuar curando
heridas psicológicas, emocionales, físicas y dando la fuerza para que el
Eros, la fuerza de la vida actúe en cada uno de nosotros.
Cómo se evita el estrés a través de la importancia en las pequeñas cosas
de la vida
En Brasil la gente no se estresa o por lo menos se estresa poco, resulta
llamativo pero es así, tal vez la mezcla de culturas, la descendencia
africana, portuguesa, lo mismo ocurre en el Caribe.
Las personas que viven más en contacto con su cuerpo, sensaciones y menos
en el plano del pensamiento, están menos estresadas. Esto no significa que
los que viven en contacto con su cuerpo no se enfermen, porque la salud
tiene que ver también con poder equilibrar todos los aspectos que hacen a
una persona íntegra. La integridad está en la posibilidad de poder
equilibrar nuestra capacidad reflexiva con la sensitiva.
En el mundo en el que hoy vivimos, hemos relegado la parte sensitiva,
sensual, de la existencia. Hemos dado preponderancia extrema al intelecto y
la inseguridad a la que estamos sometidos por nuestra forma de vida, que
nosotros mismos elegimos, nos lleva a pensar incesantemente, teniendo un
pensamiento mecánico y reiterativo que va en detrimento de la conexión con
los sentidos y lo sensual. Hoy nuestra forma de equilibrarnos es poder
encontrarnos con la sensualidad.
La salud tiene que ver, entre varios aspectos, con la capacidad de poder
conectarse con la sensualidad, entendiendo por ésta al encuentro con los
sentidos, las sensaciones. La sensualidad no tiene que ver con la seducción,
sino con ser una persona relajada, capaz de estar presente en cada uno de
sus actos sin la elucubración mental, sin un pensamiento de exigencia.
Cuando se puede percibir el pájaro que está en la ventana, de pecho
amarillo y manchita roja en la cabeza comiendo unas migajas de pan, cuando
se juntan flores y se adorna la casa, cuando se pueden lavar los platos y
ver cada utensilio, estar atento al detergente, la esponja, a lavarlos
correctamente, haciendo bien la tarea porque sí, cuando se puede apreciar
la madera del techo, sus betas, la forma de los troncos, cuando se puede ver
el color y la textura de las flores, cuando se puede enterrar la mano en la
tierra para cambiar una planta de lugar, cuando se limpia la casa no
fastidiado sino apreciando el orden, cuidando cada detalle, cuando se cocina
deleitándose con cada verdura, con sus colores, sabiendo de dónde vienen,
cómo crecieron, apreciando los granos de un cereal, cuando se juega con el
hijo pequeño… cuando todo esto ocurre, se está aportando a la vida, se
está siendo responsable frente a la existencia, se está viviendo en
consonancia con un orden que va más allá del personal, que es del Universo
todo.
En la película "El Aroma de la papaya verde" se ve algo de todo
esto, la protagonista queda maravillada frente al paso de una hormiga,
frente a la gota de jugo que sale de una papaya madura y se detiene
extasiada frente a esas imágenes. ¡Qué poco tenemos de todo esto! Vivimos
en un mundo del hacer y el hacer, donde no existe la contemplación. Ese
hacer nos dá rédito frente a la sociedad; nadie es reconocido por mirar
embelezado una hormiga o por mirar hacia el cielo viendo el paso de las
nubes.
¡Cantar, bailar, poner los pies en el agua, oler las flores, caminar y
mirar solamente el color del cielo!
Tenemos una mente productiva y mercantilista, creemos que solo en vacaciones
podemos desconectarnos, tenemos tan arraigado el concepto del trabajo que
creemos que solo es útil el tiempo productivo, el que se usa para generar
dinero. No nos damos cuenta de lo necesario para nuestra salud física y
psicológica de la importancia de estar en cada momento y en cada acción
percibiendo atentamente lo pequeño.
Parece muy raro ver a alguien hoy que cocine, que limpie su casa contento,
arreglando sus plantas, mirando el cielo o las estrellas, y verlo todos los
días, no una semana al año cuando se va de vacaciones.
Cuando se aprecian las pequeñas cosas de la vida, no hay estrés, hay
sensaciones, sentidos, integridad.
En el "I Ching", un libro muy antiguo, en el cual se refleja la
filosofía del Extremo Oriente, que tiene que ver con el taoísmo, cuyas
enseñanzas están basadas en el conocimiento y apreciación de las Leyes
del Universo y de la Naturaleza, se habla de dar valor a "La
Preponderancia de lo Pequeño" y dice textualmente: "Quien en
tiempos de lo extraordinario no sabe detenerse en lo pequeño e
inquietamente pretende avanzar más cada vez, atrae sobre sí el infortunio,
puesto que se aparta del orden de la naturaleza".
Cuando como la naturaleza vamos dando tiempo a todo lo que va aconteciendo,
cuando nos tomamos el tiempo para cada una de las pequeñas cosas de la vida
y no pretendemos apurar procesos, así como no se apura la naturaleza para
hacer florecer los lirios antes de la primavera, ni se pretende que los
duraznos florezcan en otoño y un bebé de 6 meses camine, así nosotros,
seres humanos, necesitamos comprender que no podemos vivir haciendo más de
lo humanamente posible y dentro de eso "humano" está la necesidad
fundamental y la importancia de darnos el tiempo para la contemplación, el
gozo, la celebración y la sensualidad.
Vale también recordar las palabras del poeta norteamericano Walt Whitman:
…"Me gusta olfatear las hojas verdes y las hojas secas, las rocas
negruzcas de la playa y el heno que se apila en los pajares…Me gusta
besar, abrazar y alcanzar el corazón de todos los hombres con mis
brazos…".
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