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Las
mujeres que trabajan y las culpas II
La mujer dependiente y los mandatos culturales
La mujer dependiente muestra una imagen querida por su bondad, su
falta de agresión, su generosidad, abnegación, por su capacidad para estar
al servicio de los demás y por el abandono de sus propios intereses y
deseos en beneficio del bienestar familiar. Curiosamente esta imagen de
renunciamiento despierta sentimientos de culpa, creando un vínculo
ambivalente de amor-odio, atracción-rechazo. Estas mujeres buscan ser
necesitadas y queridas a través de ese modelo que en algún aspecto les
brinda seguridad.
También se las vio a estas madres como fuertes y aguantadoras pero
tristes y frustradas. En este punto se puede vislumbrar una frase encubierta
que aparece como queja: “soy una sirviente, no sirvo para nada . . .”,
lentamente esta queja se transforma en una fantasía: “si yo pudiera
trabajar y ganar dinero no toleraría esta situación, esto lo hice por
ustedes”.
Aquí
se ve claramente la culpa recayendo en los hijos y también como aparece la
rabia y la crítica al marido pero desplegada no abiertamente sino a través
de la queja y el reclamo, esto también esta limitado por las pocas horas
compartidas, ya que el rol del hombre está afuera, en el ámbito público.
Porque la necesidad de reconocimiento y los parámetros de identidad del
hombre-padre, pasan por su relación con el trabajo, el poder, el dinero, el
prestigio en el afuera
La mística de la femeneidad, al servicio de los demás pero no de sí
misma, condujo a la mujer a dedicarse a los deseos y necesidades de su
familia. Esto llevado a su perfección produce el síndrome de la “madre mártir”
y el de esposa y madre asfixiante. No pasa lo mismo con el hombre, si bien
estos también influyen sobre los juicios de la familia, le afectan de
diferente forma. Los hombres son juzgados y se juzgan a sí mismos según
las demandas de la cultura. Para el hombre la idea de combinar el
autodesarrollo con el servicio a los demás les parece algo complejo, en
cambio para la mujer parecería que es algo natural de su identidad de género.
El hombre es fuerte por naturaleza y por lo tanto asumirá la protección de
su mujer “naturalmente débil”. Estas supuestas diferencias esenciales
se expresan en los distintos roles que asumen hombres y mujeres (roles
tradicionales).
Las mujeres son básicamente esposas y madres, en consecuencia
desempeñan las tareas domésticas (trabajo no categorizado como trabajo
porque no es remunerado, porque no se sale a trabajar afuera, es un trabajo
invisible, no valorizado) como si fuera expresión de su naturaleza y no un
trabajo socialmente asignado. En cambio los hombres trabajan en el mundo
exterior, ocupan puestos de producción extra domésticos y funciones públicas.
Esto nos muestra una gran diferencia: el hombre de acción es el que
triunfa sobre los demás, una mujer de acción es la que triunfa por los demás.
Dicha afirmación puede ser tramposa porque la ideología del sacrificio
requiere que alguien (la mujer) se sacrifique y se satisfaga con la
postergación de sí misma, hay uno que posterga y otro que causa su
postergación (esposo/hijos), esto genera culpa y generalmente los que se
sienten culpables son los hijos, quedando así atrapados en una deuda moral
con su madre. En este tipo de intercambio se pierde el sentido de
reciprocidad.
En estas familias tradicionales las relaciones de pareja se establecían
por jerarquía, el hombre era el jefe del hogar y la mujer y los hijos sus
subordinados. Este modelo jerárquico venía legitimado desde lo social.
La importancia del modelo social para la construcción de la familiar
siempre fue y es muy importante, desde allí se estructuran las modalidades
de pareja y se determinan las conductas de los miembros de la familia.
La modalidad más común en la que estos mensajes se transmitieron es
la contradicción entre la conducta y el discurso verbal, por ejemplo,
actuar como una perfecta ama de casa y quedarse todo el día con rabia
acerca de estas tareas.
El
mal humor, la insatisfacción y las quejas de este modelo de
mujer-madre-esposa, muestra un gran desconocimiento sobre sí misma, sus
necesidades, su falta de proyectos personales y deseos propios.
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