Por Lic. Leticia Regina Cohen - Contáctese
COMIENZAN
LAS CLASES
Hay
un tiempo para cada cosa...
y ahora... viene el tiempo de clases...
Si
bien en esta nota me refiero a los que comienzan, también
tiene validez para los problemas que aparecen durante la permanencia
en las instituciones educacionales y maternales.
Inquietud, miradas temerosas, sonrisas nerviosas, llantos, cuerpos
que no terminan de despegarse, brazos que no cesan de agitarse
en la despedida que deja a padres y niños lleno de sensaciones
y preguntas que no siempre se dicen; y palabras, muchas palabras
generalmente convencionales que no tienen sentido para los más
pequeños y quizás tampoco para los adultos.
Todos
están expectantes y cada uno con su miedo a cuestas, particular
y único de acuerdo a las emociones que depara ese primer
encuentro para maestros y niños; y primera separación
corporal ~ temporal ~ espacial para padres e hijos.
Es
para los padres la segunda entrega de sus hijos a la sociedad
y el primer desprendimiento representativo, en acto, de la no
propiedad de sus hijos. La primera entrega es la inscripción
en el Registro Civil al nacer, pero no hay conciencia de ella,
pues el nacimiento de un hijo es tan movilizante que esa inscripción
queda en la categoría de un trámite, sin embargo,
no es así. Los padres le dan a su hijo un nombre y un apellido,
la institución aporta un número, y a partir de ahí
el peso de lo afectivo queda atravesado por el peso de la legalidad
social, por los deberes y derechos gestados en la cultura, a los
que el niño estará sujetado toda su vida.
Entre
esos deberes y derechos está la educación, y la
institución educativa tendrá a su cargo su cumplimiento.
Varias
horas del día pasará el niño con personas
extrañas y en un lugar desconocido que con el transcurrir
del tiempo se irán tornando conocidos y queridos en algunos
aspectos; desestabilizantes y generadores de conflictos en otros.
v
¿Cuál es la concepción que tienen los padres
de la institución escuela, de los maestros, directores,
etc.?
v ¿Cómo es preparado el niño para su ingreso
escolar?
v ¿Lo que se le dice de la Guardería, del Jardín
o de la Escuela, coincide con lo que se cree y se piensa al
respecto?
v ¿Cómo fue el niño acompañado en
las sucesivas separaciones de la madre y etapas de crecimiento?
(parto, pecho, control de esfínteres, nacimiento de hermanos,
incorporación de personas y lugares familiares y extraños,
etc.)
v ¿De qué modo los padres permiten y toleran la
superación de etapas evolutivas y los alejamientos de
su hijo?
v ¿Están instrumentados los docentes para abordar
adecuadamente las dificultades de esta separación de
padres e hijos en el ingreso a la institución educativa?
Muchos
cuestionamientos caben alrededor de esta circunstancia, pues que
un niño parezca perfectamente adaptado al jardín
o a la escuela, que no llore ni haga escenas, no quiere decir
que ha elaborado esta separación. Quizás sea el
comienzo de un proceso o quizás su angustia la exprese
en otras formas que aparentemente no tienen nada que ver con la
separación, pero es la manera que el niño puede
decir de ello.
Padres,
niño, escuela; tres partes involucradas en la escolaridad.
El niño es el perno de la bisagra de esta puerta al crecimiento.
Puerta ésta, que cerrará o abrirá posibilidades,
según sea su abordaje.
Por ejemplo, un niño que se prende a la pollera de su mamá
en la puerta del jardín y llora y grita desconsoladamente
puede querer decir muchas cosas. Puede llevar minutos o mucho
tiempo develar el llanto y la actitud del niño. Por lo
general se dice: “es un capricho”, “ya se le
pasará”, “es un malcriado”, “la
madre o el padre tiene la culpa”, etc.; y no faltan los
tironeos, las amenazas, las promesas y las mentiras que sólo
logran aumentar el malestar.
Seguramente
hay algunas razones del llanto del niño; a veces algo muy
simple, y otras, bastante más complejas. El niño
con su llanto y aferramiento a su madre está diciendo algo.
Hay que dedicarle tiempo y quizás alguien que pueda ayudarlo
a esclarecer el mensaje.
Relato
un caso:
Una mamá decide, después de mucho pensar, mandar
a su hija de tres años y medio al jardín porque
la niña está siempre entre grandes. La mamá
cree que es conveniente que alterne con niños de su edad;
también se da cuenta que ambas están muy apegadas.
Por otro lado, la niña dice que quiere ir al jardín
a jugar con otros nenes. La mamá visita muchos jardines
y finalmente elige el que le parece más adecuado; pero
ahí empieza el drama. La niña se prepara para ir
al jardín de buen ánimo, pero al momento de quedarse
comienzan los llantos. Esto sucedió durante varios meses.
En un momento la mamá descubre que cada vez que la deja
en el jardín ella sufre un “desgarro”, pero
le dice a la niña que el jardín es lindo, que tiene
amiguitos, que la maestra la quiere, que es bueno que vaya al
jardín. En realidad, ella cree eso, lo piensa, pero también
sufre mucho al dejarla. La niña se queda llorando, luego,
cuando se calma, disfruta del jardín; pero cada despedida
es dramática. El tema es que en la mamá hay una
lucha entre su pensar y su sentir. Verbaliza sus pensamientos
pero no sus sentimientos, los que la niña manifiesta con
su llanto. Cuando la mamá logra tener claro lo que está
pasando y puede decirle sus sentimientos a la niña, la
situación da un vuelco. La niña comprende lo que
la mamá le dice y le responde: “si mamá, vos
me extrañás cuando voy al jardín, pero a
mí me gusta ir”. De este modo, la niña dejó
de ser la vocera del “desgarro” de su mamá.
Como se observa, el niño es el que, en cierto sentido,
se hace cargo de la situación; ya que responde a su percepción
~ que es mucho más amplia y sensible que de la de los adultos
~ captando lo que pasa emocionalmente a su alrededor y lo manifiesta
desde sus posibilidades que, según su edad son la palabra,
el llanto y su cuerpo ( gestos, miradas, motricidad y enfermedades).
Cada
lector tendrá recuerdos de situaciones diversas, ya sea
por haberlas vivido o escuchado.
Estos ejemplos y muchos otros son sólo la superficie de
una conflictiva multidimensional.
Vemos,
de este modo, que el ingreso a la institución escolar y
su posterior permanencia, es un acontecimiento digno de tener
muy en cuenta y ser revisado por padres y docentes.
Los
niños, si bien hacen su parte, haciéndose cargo
a su modo; son la parte más débil de esta tríada,
y en consecuencia los depositarios de una problemática
que los supera ampliamente.
La
disposición de los padres a revisar y tomar conciencia
de sus propias experiencias como educandos y la valoración
y las creencias al respecto de la educación escolar es
de vital importancia, ya que esta revisión y toma de conciencia
les facilitarán los pasos a seguir desde la elección
de jardín y /o escuela (todo un tema), el ingreso del niño
a la misma y su desempeño durante su permanencia en ella
(varios años).
Por
el contrario, la omisión de la reflexión propuesta
promoverá que los niños a través de diversos
síntomas denuncien la conflictiva oculta de los padres
y de sí mismos.
Por
otro lado, los docentes necesitan del apoyo especializado para
abordar las circunstancias del inicio de los niños en la
institución.. Cada niño que llora o se pegotea a
su mamá es un caso especial y una maestra no puede responder
a ello sin apoyo y mucho menos desde su criterio personal y único.
También
hay niños “muy adaptados” que entran a la escuela
como dueños por su casa y es común escuchar que
se diga de ellos que nunca tuvieron “problemas de adaptación”
ni en la guardería ni en el jardín. Sin embargo,
nos encontramos que esos niños “tan bien adaptados”
y algunas veces “tan buenos alumnos” se hacen pis,
se ensucian la ropa interior o se chupan el dedo, entre otros
síntomas, durante los años de la etapa escolar.
La posibilidad de un niño de acceder a un crecimiento más
saludable dependerá de cómo puedan acompañarlo,
sostenerlo, escucharlo y responderle los adultos que lo rodean.
Todos
estos temas, tanto los de ingreso como los de la permanencia en
la institución (guardería jardín o escuela)
pueden ser tratados tanto en la terapia individual de una madre
o padre, en las consultas de padres y/o con la realización
de una constelación familiar-institucional.
Es
sumamente favorable para la familia y para la institución
involucrada cuando los padres pueden “ver” con claridad
y hallan respuestas a las preguntas mencionadas más arriba,
entre otras. El trabajo psicoterapéutico que se realice
correrá los velos que obstaculizan un mejor desenvolvimiento
en los procesos de crecimiento del niño en cuestión.
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