Por Economía y Negocios On Line- Trabajando.com
Decálogo para crear una empresa
1. ¿Qué es lo que se quiere hacer?
Lo primero que tenemos que saber a la hora de emprender un
negocio empresarial es qué se quiere hacer, es decir, qué
proyecto de negocio tenemos. A eso solemos llegar por dos
caminos distintos:
Que se nos ocurra una nueva idea de negocio, original, que no
exista en el mercado, que nos llevará a abrir nuevos mercados,
nuevas necesidades, etc.
Desarrollando un producto o servicio que ya existe, pero dándole
un aire nuevo, otra forma de poder captar las necesidades por
las que se habían creado, pero que no han quedado satisfechas
por alguna razón que nosotros hemos detectado y valorado como
importante.
2. ¿Quién va a formar parte del proyecto?
Definir cuáles son los integrantes del proyecto.
Los promotores del proyecto únicamente. Este sería el caso más
lógico. La idea surge de una o varias personas que, en un
momento determinado y por unas circunstancias determinadas,
deciden emprender una aventura empresarial. Sería el caso de
socios trabajadores.
Otra manera de crear empresa es ser socio capitalista, es decir,
que el promotor tenga una idea y los recursos suficientes para
crear una empresa pero carece completamente o no le interesa el
compromiso del trabajo diario, por lo que contrata tanto a
directivos como a empleados para que lleven a cabo el negocio
mientras que el promotor sólo participa económicamente de la
misma.
Los promotores del proyecto, más ayuda externa. Este sería el
caso en el que el promotor tiene una idea pero carece de
recursos para poder llevarla a cabo. Este déficit no tiene por
qué ser únicamente monetario, también puede ser de capacitación
empresarial o de dominio de las características básicas de la
idea. Es decir, podemos tener necesidades de socios
capitalistas, de socios trabajadores que aporten además capital
o, simplemente, de los recursos humanos capacitados para poder
desempeñar eficientemente la actividad empresarial.
3. ¿Quién va a formar parte del proyecto?
Es el momento de la planificación. En esta instancia, el
emprendedor debe tomar conciencia del sacrificio que va a
suponer poner en marcha un proyecto, y por eso, tiene que
reflexionar de manera importante cómo va a desarrollarlo.
El plan de empresa es la herramienta fundamental para el cómo se
desarrollará, en él se tendrá que describir qué estrategias
vamos a seguir para llevar a nuestra empresa hacia los objetivos
que nos hayamos fijado. En este aspecto, son fundamentales las
herramientas de marketing. Ellas serán las que guíen los pasos a
tener en cuenta para que la empresa pueda tener el éxito
esperado.
4. ¿Dónde se va a establecer la empresa?
Cuando ya sabemos qué queremos hacer, con quién lo vamos a
hacer, y cómo lo vamos a hacer hay que decidir dónde vamos a
desarrollar la idea empresarial.
Se debe tener en cuenta que la localización geográfica de la
empresa nos puede traer una serie de ventajas que se pueden
volver inconvenientes si erramos en la elección. Entre estas
ventajas podemos considerar los siguientes aspectos:
Hay que situarse cerca del potencial cliente.
Hay que tener una localización cercana a los recursos necesarios
para el desarrollo de la actividad empresarial.
5. ¿Cuándo vamos a comenzar a trabajar?
Es una decisión puramente estratégica. Hay factores que pueden
hacer que tomemos una decisión u otra. Así habrá que tener en
cuenta factores como podrían ser: el plazo en el pago de
impuestos, esperar al momento en el que la estacionalidad de la
actividad sea la más adecuada, etc.
6. ¿Con qué contamos para empezar?
Es hora de ver con qué recursos cuentan los promotores para
empezar a trabajar. Los recursos que hay que tener en cuenta son
de distintos tipos:
Los recursos económicos con los que podemos hacer frente al
inicio de la actividad y con los que ya podamos contar resultan
fundamentales.
También es interesante conocer los recursos humanos necesarios
para comenzar. En función del resultado que nos den los recursos
del inicio variaremos (o no) nuestra planificación al respecto
de los mismos.
También es importante tener una red de contactos, sobre todo en
la sociedad actual. Ésta nos va a permitir conseguir diferentes
contactos con proveedores de mayor o menor calidad (en función
de nuestras necesidades) y, lo más difícil para una empresa que
empieza, los primeros clientes. Por eso, hay que contar con esa
red o con los contactos suficientes para poder empezar a
crearla.
7. ¿Para qué queremos realizar el proyecto empresarial?
La fijación de unos objetivos empresariales es necesaria. Sin
ellos no se puede llevar a cabo dos de los procesos
fundamentales en la función estratégica de la empresa: la
planificación y el control.
Gracias a la fijación de unos objetivos a corto, medio y largo
plazo podemos marcar las diferentes estrategias a seguir. La
planificación trata sobre eso, es decir, ver el cómo actuará
estratégica y económicamente la empresa en el futuro, ya sea más
o menos lejano ese futuro.
8. ¿De qué forma vamos a crear el negocio para aprovechar la
legalidad vigente?
Hay que ver, una vez analizado el proyecto y nuestra
capacitación para poder desarrollarlo, qué entorno legislativo
afecta o puede afectar a la empresa. Así, puede ser fundamental
el llevar a cabo un estudio acerca de qué forma jurídica es la
mejor para la actividad que realiza la empresa. Para ello, hay
que saber cuáles existen y bajo cuáles nos podemos resguardar
para decidir entre una u otra.
Gracias a ello, podemos optar por alcanzar mejoras económicas
que saneen la empresa como pueden ser: el pago de menos
impuestos, el acceso a ayudas y subvenciones que se ofrecen a
determinadas formas, acceso a financiación, etc.
9. ¿A quién le vamos a vender nuestro producto o servicio?
Nuestro futuro como empresa está en nuestros clientes. Por esa
razón, tenemos que tener muy claro cuáles son las personas o
entidades a las que va dirigida nuestra actividad para poder
saber qué es lo que realmente necesitan o qué es lo que pueden
necesitar.
Por esto, es conveniente segmentar el mercado. La segmentación
consiste en agrupar a los clientes en conjuntos con
características diferenciadoras importantes entre unos y otros.
Los conjuntos se pueden hacer en función de variables objetivas
(criterios geográficos, sociológicos, demográficos, etc.) o de
variables subjetivas (calidad de vida, comportamiento, estilo de
vida, etc.).
10. ¿Cuánto vamos a invertir en el negocio y qué resultado
vamos a obtener?
Saber cuánto nos va a costar desarrollar el proyecto, para poder
ver si necesitamos ayudas para la financiación del proyecto, o
si podemos con nuestros propios recursos empezar el
emprendimiento.
En este punto hay que valorar necesidades como las siguientes:
De activos materiales e inmateriales,
De recursos humanos,
De caja,
De formación,
etc.
Además, en este punto vamos a valorar cuántos clientes son
necesarios para que la empresa esté en su punto muerto, es
decir, que no tenga ni beneficios ni pérdidas. Gracias a él
podemos planificar estrategias de precios. Otra tarea será la de
estimar. Cuando hablamos de gastos o ingresos tenemos el
problema de que no dependen exclusivamente de nosotros, por lo
que habrá que tener en cuenta un margen de error que seguro se
va a dar pero que habrá que estimar indefectiblemente.
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