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Por Lic. Elba Machado - Recreo Literario - Contáctese con Nosotros
¿Y usted, cómo se siente?
El título de este artículo no se refiere a cómo se siente uno,
en el plano estrictamente físico, tampoco lo descarta, por el
contrario, lo complementa.
Los seres humanos somos: alma, mente y cuerpo. Estos componentes
nos acompañan desde que nacemos. Sin embargo, frecuentemente
olvidamos el alma y nos ocupamos casi con obsesión del cuerpo y
la mente.
Nos levantamos pensando en el aseo personal, el
desayuno, la vestimenta, el trabajo. Trabajamos casi de manera
automática y ansiamos llegar a la hora del almuerzo.
Pasado el a veces, no tan agradable momento, volvemos a nuestra
obligada tarea, deseando que el reloj marque la hora de volver a
casa.
De regreso en el hogar recuperamos la alegría del momento
compartido con la familia, pero el cansancio nos vence y nos
vamos a dormir resignados a esperar el fin de semana, único
consuelo de esa abrumadora rutina.
¿Qué fue de nuestra alma? ¿Qué hicimos por ella?.
Ni la bañamos, ni la nutrimos, ni la abrigamos,
ni siquiera pensamos en ella. Alguien se preguntará cómo se hace
todo esto y tal vez nosotros podamos darle unas básicas nociones
sobre el tema.
Para bañar al alma necesitamos cinco minutos de meditación.
A los que no sepan de que se trata la meditación
le diremos que pueden meditar en cualquier lugar de la casa o
fuera de ella. Puede meditarse en el colectivo, el subte, el
tren o el taxi. Simplemente cierre los ojos y piense en una
palabra, la que usted quiera, el nombre de alguien querido, el
de un santo, o una palabra que le parezca bella. Repítala
constantemente durante esos cinco minutos; si puede, ilumínela
con una luz blanca y brillante y fluya con ella hacia los
derroteros que su pensamiento elija. De este modo su alma
quedará limpia y reluciente.
Para alimentarla, observe el paisaje sea el que
sea, si no es de su agrado, imagínelo, transfórmelo en otro y si
le agrada, disfrútelo. Sólo eso le alcanza a su alma para
fortificarse.
Para abrigarla, rodéela con una oración o con un poema de su
agrado, sólo una frase suele darle calor
Para lograr que su alma trabaje, mímela. Al recibir amor, el
alma abandonará su actitud pasiva. Si usted abraza o besa, ella
le devolverá el abrazo o el beso, si baila, bailará con usted,
si lleva por la cintura o por los hombros a alguien, su alma
permanecerá entrelazada al otro.
Estos son sólo algunos de los mimos que su alma necesita para
sentirse amada. El trabajo o la profesión del alma es el amor.
No podemos estar del todo vivos, si nos limitamos
a conservar vivos solamente a nuestra mente y nuestro cuerpo.
Probablemente algunos se pregunten: ¿De qué sirve ocuparse tanto
del alma si lo mismo sobrevivimos? Y en la pregunta está la
respuesta, simplemente se sobrevive. Otros muchos pensarán que
diariamente no disponen del tiempo suficiente para meditar,
observar el paisaje, rezar o recitar, abrazar o bailar. Es
probable, pero ganarán futuro si lo practican con la asiduidad
que sus ocupaciones les permitan. En el momento justo,
descubrirán que sienten la necesidad de hacerlo con regularidad.
Mejoraran así su salud física, mental y espiritual.
Sería bueno recordar que somos un todo dentro de
una sociedad que cambiaremos, en la medida en que seamos capaces
de cambiar nuestros hábitos. Dejemos de ser tristes autómatas
huecos y comencemos a ser dignos de un mundo que Alguien nos
regaló, sabiendo agradecerlo.
La idea es superarnos, evolucionar, comencemos
tratando de hacer más agradable el mundo en el cual vivimos.
Levantémonos agradeciendo el simple hecho de levantarnos,
nutramos nuestro cuerpo con alegría, se alegrará también nuestra
alma. Marchemos al trabajo pensando que es una felicidad
tenerlo, volvamos a casa con la satisfacción del trabajo
cumplido y disfrutemos de la familia, el techo y el lecho. De lo
contrario, corremos el riesgo de que nosotros mismos debamos
renunciar al regalo obtenido. Sólo así cuando le pregunten : ¿Y
usted, cómo se siente? su respuesta será: maravillosamente bien.
Elba Alicia Machado. Lic. Letras (UBA)
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