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Por Lic. Elba Machado - Recreo Literario / Soy tu Biblioteca - Contáctese con Nosotros
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Soy tu biblioteca
¡Hola! ¿Cómo estás? Hoy te traigo un cuento de Julio Cortázar
que nunca había leído y que me pareció muy interesante se llama
“Una flor amarilla” y pertenece a la segunda parte de Final
del Juego. Me recordó un poquito a “El Otro” de Jorge Luis
Borges pero sólo en el encuentro que ambos protagonistas tienen
con su “otro yo” aunque ese otro yo difiera en uno y otro caso.
¿Pensaste alguna vez en
la posibilidad de revivir en otra persona?
A veces la literatura
nos pone frente a hechos sobrenaturales que superan nuestra
razón. Como dijimos en otro cuento que compartimos, se trata de
relatos fantásticos que los buenos escritores nos hacen creer
que son reales; hechos y cosas que nos impresionan, que nos
asustan, aún sabiendo que son imposibles o por lo menos no
comprobables todavía. Digo todavía, porque si bien los hechos de
la metafísica no tienen explicación posible, en los tiempos que
vivimos lo más insólito puede llegar a ser real, con lo cual
pasarían a ser otra cosa o a llamarse de otro modo.
En “Una flor
amarilla” el narrador cuenta la historia de un borracho. Lo
conoce en un“bistró” de una calle de París.
Por si no lo sabes te cuento que un bistrot es una taberna, un
bar. Por supuesto, con el anticipo de que el hombre está bebido,
se hace muy difícil creer en lo que cuenta, sin
embargo, nuestro narrador no duda porque, según aclara, los
borrachos suelen decir la verdad. La primera frase del
cuento atestigua esa certidumbre “Parece una broma pero somos
inmortales……porque conozco al único mortal”. El único mortal
como irás viendo a lo largo de la lectura, es el borracho y en
consecuencia es el héroe del relato. Este, aseguraba haber
conocido, en un autobús de la línea
95 a un chico de más o menos 13 años que era
igual a él cuando tenía esa edad, no sólo
físicamente, sino en la timidez, en cómo se echaba el pelo
hacia atrás y en la torpeza de sus movimientos. Tal fue la
impresión recibida, que cuando el niño descendió del autobús, el
hombre bajó también, dejando de lado la cita que tenía con un
amigo. Con el pretexto de preguntarle por una calle, entabló
conversación con él y sin sorprenderse, oyó la voz de su
infancia.
Valiéndose del
prestigio que le daba su pasado de instructor de boy scouts
logró visitar al niño en su casa y siguió haciéndolo todas las
semanas. Luc (así se llamaba el niño) era “otra vez él, no había
mortalidad éramos todos inmortales”
Creo que acá conviene
que nos detengamos. Pongámonos en el pensamiento del héroe; al
ver a este niño tan parecido a él en todos los aspectos, cree
que es él mismo que ha vuelto en otro cuerpo antes de tiempo.
Esto se llamaba para los
antiguos “metempsicosis” que es la creencia de origen
oriental, en la transmigración del alma de un cuerpo a otro
después de la muerte, pero el proceso aquí no se cumple.
El hombre de nuestro
cuento creyó que ese descubrimiento era un error cronológico,
algo así como un pliegue en el tiempo, porque consideraba que
Luc hubiera debido nacer después de su muerte. Luego aparecen
las dudas hasta que a fuerza de dudar, surgen las demostraciones
y con ellas la certeza de no
haberse equivocado. Luc no sólo era él otra vez sino que
iba a ser como él. Se lo demostraba el verlo jugar y
caerse siempre mal, torciéndose un pie, sacándose una clavícula.
Llegaba a reconocerse hasta en sus sentimientos y en sus
rubores.
Entre conversación y
conversación con los familiares, intercalaba alguna pregunta
clave para ir conociendo toda la infancia de Luc. No era un
calco, era una “figura análoga”. A los siete años él se había
dislocado una muñeca y Luc la clavícula, a los nueve ambos
tuvieron el sarampión. Para ser comprendido, el borracho se vale
de ejemplos que demuestran que todos somos “otro”
pero eso si no se altera el orden en la cadena de
reencarnaciones (o sea nacimiento-muerte-nacimiento, proceso
que en este caso no se ha completado) Cumplido ese proceso “…no
podrá encontrarse nunca con la verdad en un autobús”.Su cadena
había sido alterada con la presencia del niño.
Los ejemplos hacen
dudar al narrador en cuanto a que Luc y el borracho fueran la
misma persona ya que todos los niños suelen tener las mismas
enfermedades en determinada edad y todos se quiebran algo
jugando al fútbol. Sin embargo, para el borracho lo importante
no eran los sucesos sino las secuencias; la precisión con que se
daban, coincidiendo. El ejemplo que terminó por convencer a
nuestro narrador fue el siguiente:
El día del cumpleaños
de Luc el hombre le regaló un avión con hélice a resorte, al
dárselo recordó que su madre le había regalado un mecano cuando
cumplió la misma edad; estaba en el jardín y a pesar de los
truenos que anunciaban la tormenta, permaneció allí, armando una
grúa. Alguien lo llamó desde adentro y cuando volvió, la caja
del mecano había desaparecido y la puerta de la casa estaba
abierta. Gritó desesperado y salió a la calle corriendo pero no
había nadie, en ese mismo instante cayó un rayo en la casa de
enfrente. Eso recordaba mientras le daba el avión a Luc; la
madre aparece con una taza de café y enseguida se oye un grito,
Luc estaba pálido y lloraba porque el avión había desviado su
vuelo desapareciendo por la ventana. En ese momento entra el tío
diciendo que se estaba incendiando la casa de enfrente. La
coincidencia de los dos sucesos termina por convencer al
narrador.
En muchas ocasiones,
la madre de Luc hablaba del futuro de su hijo y de lo que
deseaba para él, el hombre no podía adelantarle a la mujer que
todo sería inútil porque el destino del hijo sería igual al
suyo; no podía decirlo porque lo tomaría por loco. Sin embargo
lo peor no era el destino de Luc sino que algún día Luc moriría
y otro hombre repetiría la figura del niño y su propia figura y
así sería eternamente. A esto se
refieren el narrador y el borracho, cuando dicen que todos somos
inmortales.
Es bueno que te aclare
que nuestro protagonista no estaba conforme con su suerte, de
ahí su vicio por el alcohol y su desprecio por la vida.
Su teoría era la de la rueda hacia el infinito para cada
individuo, es decir que todo aquel que nace es
siempre alguien que ya ha muerto y repite su mismo destino.
Alguien que ocupa su lugar y así sucesivamente. Esto
transformaría a cada individuo en inmortal porque sería la
continuación del anterior.
Finalmente Luc se
enferma, el hombre continúa visitándolo, termina siendo una
especie de enfermero del niño hasta que Luc muere.
Hay un parágrafo que
escribiré textualmente para que lo pienses.
Dice así: “Terminaron
por admitirme como enfermero de Luc, y ya se imagina que en una
casa como esa, donde el médico entra y sale sin mayor interés,
nadie se fija mucho si los síntomas finales coinciden
del todo con el primer diagnóstico…”
Seguramente estás
pensando lo mismo que yo. ¿Habrá provocado el protagonista la
muerte de Luc?
El borracho declara
que luego de esa muerte, sintió por primera vez algo muy
parecido a la felicidad porque él ya no tendría un sucesor en la
cadena hacia el infinito, se había perdido un eslabón y él era
el primer mortal, ya no habría “otro” para repetir su historia.
Pero esa plenitud no duró mucho.
Una tarde cruzando el
Luxemburgo vio una flor amarilla. Lo impactó la belleza de la
flor, se distrajo mirándola y fue como si la flor también lo
mirara, pero el ya estaba condenado, el moriría un día para
siempre y no habría nunca más una flor para él ni para Luc. La
cadena se había roto, entonces subió y bajó de diferentes
autobuses hasta el anochecer pensando en la flor y buscando a
alguien que se pareciera a Luc, a él, a alguien que fuera él
otra vez y dejarlo ir, sin decirle nada para que siguiera con su
vida fracasada hacia otra vida fracasada y otra, y otra….
El cuento termina con
un último renglón de una sola palabra: “Pagué”.
Esa última palabra
del relato:“pagué” es muy sugestiva, porque podemos pensar que
es el pago que efectúa en un nuevo ómnibus en ese largo
recorrido en busca de un nuevo Luc, y también puede referirse al
pago de su culpa.
“La flor amarilla” es un
cuento diferente y su interpretación es difícil para nosotros
que nos manejamos con la lógica y el razonamiento occidental. Es
un relato fantástico para nuestra civilización pero no lo es
para el pensamiento oriental que cree en la reencarnación. Para
ambas culturas sí, es fantástico, que alguien pueda reencarnar
antes de la muerte de la persona que reemplazará.
Cortazar incursionó en
el budismo Zen y en el Vedanta. El Zen es una corriente budista
que promulga la eliminación del contraste entre el mundo de la
apariencia y el nirvana. Te aclaro que el nirvana es el “no ser”
la extinción de las pasiones y el deseo de vivir. El Vedanta,
por su parte, es un sistema filosófico de la India antigua que
considera al mundo como apariencia engañosa, invierte la
realidad y renuncia a la mortalidad saltando fuera del tiempo,
dimensión en donde la muerte es metamorfosis, cambio, y no fin.
De ahí que en “Una flor
amarilla” el tema sea la metempsicosis mediante la cual nacemos,
morimos y reencarnamos en otro ser. Para Cortázar el
protagonista de su cuento reencarna en Luc antes de morir y esa
es la cadena que se rompe. Primero debía morir el protagonista y
luego debía nacer Luc. Al cortarse esa secuencia, el
protagonista pasa a ser inmortal, porque a Luc le seguiría otro
y otro y otro y todos con el mismo destino. De este modo nuestro
héroe estaría condenado a la inmortalidad.
Era necesario que Luc
muriera antes que nuestro héroe, para que nadie naciera a
continuación. Ese sería el fin absoluto y definitivo y Luc
muere. Por lo que se desprende del texto quien lo hace
desaparecer es su antecesor. Luego, una sencilla flor le hace
apreciar la belleza de la vida pero ya es tarde, ya no hay
destino posible ni para él ni para Luc. Se me ocurre que la
decisión del héroe ha sido apresurada ya que no pensó en que su
destino no había acabado, le faltaba conocer esa flor amarilla y
experimentar el placer de lo simple, de lo que nos rodea y no
apreciamos porque ni siquiera lo vemos.
El protagonista quiso
ser el Demiurgo (el artífice del mundo, la causa creadora),
quiso romper la cadena y lo logró pero el eslabón perdido no
puede reemplazarse, ha quedado un vacío y ese vacío es la nada.
Como te dije es un
cuento difícil, pero de acuerdo a mi criterio lo difícil no le
quita su belleza.
Ahora espero que me des
tu opinión.
Por Lic. Elba Machado - Recreo Literario / Soy tu Biblioteca
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