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Por Dra. Elisa Lión - Contáctese con Nosotros
¿QUE POSICIÓN DE VIDA TIENE UN LÍDER?
Hoy en día no resulta fácil que un líder pueda abordar una nueva
visión, ya que debe obtener resultados en todo momento sin
acceder al tiempo para la reflexión y el trabajo interior. La
pregunta fundamental es: ¿cómo puede un líder actual crear ese
espacio para su desarrollo personal y a la vez conseguir
resultados redituables y cuantificables?.
Abordemos una respuesta desde el Análisis Transaccional, en el
que Eric Berne describe las diferentes posiciones desde las
cuales las personas observan la realidad y toman decisiones.
La decisión acerca de la posición de vida que se adopta en la
vida adulta, se toma en la primera infancia (de los 0 a los 7
años) a nivel inconsciente y visceral. En esta primera etapa de
vida, el único objetivo de los niños es buscar AFECTO,
RECONOCIMIENTO Y ACEPTACIÓN en base a los resultados que fueron
obteniendo en el medio donde se desarrollan. Adquieren
diferentes posiciones y definen cuál va a ser el cristal desde
donde observar la realidad propia y a los demás cuando sean
adultos.
Cuando un niño recibe excesivo reconocimiento, (él es el mejor y
los demás no lo son tanto, él es el único, como él no hay) su
posición de vida cuando sea adulto se llamará PARANOIDE. Este
tipo de persona cree que hace las cosas bien y culpa a los
otros. A estos líderes les cuesta tener autocrítica. Otra
posición es la DEPRESIVA o DESVALORIZADA. Estas personas se
sienten culpables por todo. Hacen mucho para que les salgan las
cosas bien y si salen mal, se deprimen. Luego tenemos otra
posición, la MANÍACA. Son líderes idealistas. Tienen un
positivismo extremo e irreal. Viven en un mundo que es perfecto
sin necesidad de trabajo interno, sacrificio o estrategia.
Las dos primeras posiciones son complementarias. Es necesario
que alguien descalifique (paranoide) para que alguien se sienta
culpable (desvalorizado). Todas estas posiciones de vida son
estilos parciales de ver la realidad. No es real que siempre los
otros son culpables, ya que cuando hay un error siempre hay más
de una persona involucrada. Tampoco es real que alguien deba
sentirse culpable para aliviar a los demás, ni que el mundo es
maravilloso y todo funciona idealmente sin ningún desarrollo ni
desenvolvimiento.
Podemos ver cuán difícil es para estas personas organizar un
tiempo para su desarrollo personal. Se quedan en sus lugares de
trabajo, cuidando que todo esté bajo su órbita y control. Tienen
una visión parcial de la realidad y no confían en nadie para que
realice lo que ellos quieren. Con todos estos datos, varios
líderes llegan al coaching. En algún momento, por algún episodio
familiar o síntoma físico, la realidad aparece y caen en la
cuenta de que es necesario conseguir otro abordaje a su vida,
para ganar en calidad y no vivir en un estrés permanente. El
trabajo consiste en realizar un diagnóstico de su rol laboral,
familiar, de pareja o social, dado que una persona con una
visión parcial no cambia su manera de juzgar, de calificar a
otros y a sí mismo, mas allá de los roles que ejecute. El
objetivo principal es desarrollar su nivel de consciencia: que
se DÉ CUENTA qué hace, qué dice, qué siente y para qué hace lo
que hace. Cuando esto ocurre puede re-decidir atravesar los
miedos que le impiden desenvolver sus capacidades al máximo y
conectar todos sus circuitos internos, principalmente el
emocional. En el fondo tienen miedos e inseguridades viejas aún
“no actualizadas” que les impiden confiar, desapegarse de viejos
modelos y estructuras. Desconocen que “actualizándose” podrán
ganar más de lo que imaginan, en el ámbito productivo y en el
desarrollo personal.
¿Cómo se llega a esta toma de conciencia? Trabajamos sobre otra
posición de vida que se llama REALISTA. Esto implica descubrir
que todos tenemos errores y aciertos. Cuando logramos con el
coaching que un líder acepte que él puede tener errores y
equivocaciones y aprender de ellos, automáticamente el circuito
de la exigencia estresante baja. Al principio se encuentran
desorientados en este lugar, pues imaginen: una persona va con
una coraza de hierro viviendo la vida y, de repente, esta coraza
comienza a ablandarse, y sufre una descolocación interna.
Aparece entonces la famosa pregunta: “¿quién soy?, ¿podré desde
este lugar continuar logrando resultados?”. La respuesta aparece
rápidamente con los resultados. Todo alrededor mejora y sus
objetivos productivos se duplican. Al estar más blando, más
consciente, menos juzgador, se abre un camino de luz en medio de
la oscuridad que implicaba estar cubierto por acero galvanizado.
Logra comprender a los otros y desarrollar la tarea educativa
propia del líder, sufre menos y hace sufrir menos. En este tipo
de trabajo no hay magia, es necesario compromiso, decisión y
continuidad para re-decidir algunas conductas. Los que logran
aprender a comunicarse desde su interior tienen más paz, nivel
de seguridad y confianza interna. El camino del cambio para un
líder requiere fundamentalmente haber llegado a la conclusión de
que se puede y se merece construir un nuevo modelo para vivir
con otros y no sobre otros. Mi experiencia es que cada vez hay
más personas dispuestas a trabajar para construir un mundo
mejor.
Autora de “Herramientas para vivir mejor. Educación Emocional
dirigida hacia objetivos”.Time& Money. www.elisalion.com.ar
Por Dra. Elisa Lión
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