Por Dionisio Melo Internacional- Contáctese
Negociación: El dilema del vendedor
En las negociaciones de venta, la objeción del precio puede ser
muy seductor para el vendedor. Usted quiere la venta y el
cliente le ofrece una manera fácil de cerrar: “quiere un
descuento”. Sin embargo, hay dos razones esenciales para
resistir a este tipo de objeciones y ser fiel a su precio:
En primer lugar, el cierre de una venta no significa nada si no
es rentable. Muchas empresas han quedado fuera de su negocio
tras la decisión de ofrecer permanentemente descuentos
importantes con el objetivo de vender volumen. La rentabilidad
es una forma más realista para medir el éxito que el volumen de
ventas.
En segundo lugar, la mayoría de clientes satisfechos en una
negociación de venta son los que pagan el mejor precio porque
aprecian el valor de su inversión. Los compradores perciben los
artículos de precio más alto por ser más valioso. En mi carrera
de consultor y entrenador de gerentes, supervisores y
vendedores, los mejores clientes siempre han sido los que han
pagado el precio completo.
Hace unos años, recibí una llamada de Alicia, una gerente de una
compañía reconocida en Colombia. “Queremos entrenar a un grupo
de nuestros empleados clave en Técnicas de Ventas“, dijo. “He
hablado con otras compañías en busca de un buen facilitador en
el tema y lo han recomendado y creo que para nuestra gente es la
persona adecuada.”
Imaginese lo entusiasmado que yo estaba, no solo que me llamaban
para hacer el trabajo sino que lo mas importante otras personas
que me habían recomendado, esto significaba que estaban
satisfechas con mi trabajo. Estaba a punto de preguntarle a
Alicia cuando podría enviarle la propuesta cuando dejó caer una
bomba. Sr. Melo “Usted debe saber”, continuó, “que a mi jefe le
gusta alguien más, y esa compañía es más barata que usted. Si
reduce los honorarios, creo que podemos llegar a contratarlo
casi de inmediato.”
Me encontré con el dilema clásico de la negociación de venta: yo
quería el acuerdo, ¿pero tenia que abandonar el valor de mi
trabajo para conseguirlo? Me preguntaba… ¿Que estaba pasando
realmente? Traté de imaginar algunos escenarios:
Escenario 1: El comprador me estaba diciendo la verdad. Si yo
bajo mis honorarios, podría haber una mejor oportunidad de
vencer a la competencia.
Escenario 2: El comprador estaba usando la táctica “Podemos
conseguir una oferta mejor en otro lugar “ como una estratagema
de negociación para mover mis honorarios a la baja.
Escenario 3: Es una prueba de mis propias capacidades de
negociación que me impone el cliente. ¿El cliente potencial
quería saber si yo practicaba lo que predicaba, y cómo iba a
responder cuando eran expuestos mis honorarios?
Escenario 4: La empresa ya había decidido ir con mi competidor.
Me solicitaban honorarios más bajos a efecto de impulsar en la
negociación los honorarios de mi competidor.
¿Qué habría hecho usted? ¿Hubiera cedido a bajar sus honorarios?
En ese momento admití que no sabía exactamente cuál era la
situación. Afortunadamente, tenía prospectos suficientes “en el
embudo” para justificar la decisión que tomé sobre qué hacer a
continuación.
Cuando llamé a mi contacto amablemente me negué a ese juego de
bajar mis honorarios en la negociación. “Lo siento mucho,
Alicia,” le dije. “Me encantaría trabajar con usted, pero no
puedo destruir mi credibilidad ni mi estructura de honorarios.
Incluso podría perder a otros clientes s si se enteran de que yo
le di un descuento”. (Esto era cierto.) Alicia dijo que entendía
y que estaríamos en contacto si fuera necesario otra vez.
Una semana más tarde, Alicia me informó que habían seleccionado
a mi competidor. “Bueno eso es muy malo para mi”, le dije.
“Llámame por favor si puedo ayudar en otra oportunidad.”
Dos semanas después, Alicia llamó y dijo que la administración
había experimentado un cambio de decisión. El trabajo era mío.
Después del primer taller, me senté con Alicia y hable con ella
sobre el proceso de toma de decisión de su empresa. ¿Había
realmente otra compañía que le gustaba a su jefe?” Le pregunté..
“Oh, sí” dijo ella-. “De hecho, querían hacer negocios con
nuestra empresa, incluso ofrecieron impartir el primer seminario
gratuitamente”.
“¿Por nada?” Repetí. “¡Eso si que es absolutamente una oferta!”.
“Si no estás tan preocupado por la rentabilidad, ¿por qué no
ofrecerlo?”
“Esa fue la razón mayor por la que se decidió contratarte…” dijo
Alicia “fue cuando nos ofrecieron hacer el primer taller por
nada, nuestra percepción del valor de su taller fue…vale la pena
este taller”.
Mi taller había sido percibido como más valioso, gracias a mi
postura negociadora. La lección es clara: Si usted presenta su
precio con confianza, y que está dispuesto a “romper la
relación” si es necesario, el cliente o prospecto a menudo llega
a la conclusión de que debe valer la pena. Como todo en las
ventas, este enfoque no funcionará todo el tiempo. Pero funciona
con la suficiente frecuencia, si usted está negociando desde una
posición de fuerza. Tenga cuidado que para hacer eso, por
supuesto, debe prospectar permanentemente y desarrollar nuevos
negocios como parte de su rutina diaria.
Resumen: En otras palabras, nunca negociar sin opciones. Para
los vendedores, esto significa que debe tener prospectos y
clientes suficientes para que se sienta cómodo y pueda decir la
palabra mágica: “El próximo”